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POBREZA: Medir para saber, saber para ayudar

26/7/2017

 Columna a cargo de Jorge Paz

 Imaginemos por un momento que queremos medir pobreza con el objetivo noble de ayudar a todos aquéllos que tienen necesidades y carencias. Lo primero que debemos lograr para hacerlo es definir qué considero una "persona pobre"; necesito entonces separar una persona que yo considero pobre de otra que no lo es. Esto que parece muy sencillo, está plagado de problemas. El primero y principal es la noción de pobreza que voy a usar. 

 

Sigamos imaginando: voy a decir que para mí una persona pobre es aquélla que no tiene dinero suficiente para comprar comida. Pero entonces, todos los niños y todos aquéllos que no tienen ingresos propios serían pobres. Sería pobre, por ejemplo, el hijo de Tinelli, o de cualquier multimillonario que se nos ocurra. ¿Por qué? Simplemente porque cumple con nuestro criterio de “no disponer de dinero suficiente para comprar comida”. Ciertamente estaría loco si digo que el hijo pequeño de Tinelli es pobre, simplemente porque todos sabemos que no lo es. Entonces debemos afilar nuestra definición y decir quizá que se considerará pobre a una persona que vive en un hogar que  no tiene dinero suficiente para comprar comida. Si bien la cosa mejora en ese caso, no resuelve de todo el problema, pero no nos vamos a extender aquí sobre este tema.


Sigamos. Imaginemos un niño que vive en una casa con un solo ambiente para dormir, que tiene 5 hermanos, pero que su madre recibe dinero de la Asignación Universal por Hijo, que le permite comprar comida suficiente para todos. Ese niño no sería pobre según nuestra definición. Para considerar entonces la carencia de una "vivienda adecuada" deberé ampliar mi definición de pobreza y deberé considerar pobre a toda persona que "...no tiene dinero suficiente...", ni una vivienda adecuada. Puedo seguir considerando otros aspectos (o dimensiones): asistencia a la escuela, disponibilidad de servicios tales como luz, agua o calefacción, y así, todos los aspectos que según considero hacen al bienestar de las personas. 


¿Pero hasta dónde llegamos con eso? Hasta donde se nos ocurra. Puedo por ejemplo considerar pobre una persona que no tiene tiempo suficiente para jugar con sus hijos, o una persona que no sale de vacaciones todos los años. Ahí está el principal peligro de lo que estamos discutiendo: el concepto de bienestar (y el de pobreza que de éste se deriva) es tan amplio, que podemos decir, sin temor a equivocarnos, que hay tantos conceptos de pobreza como personas en el mundo, dado que cada uno tiene una idea acerca de lo que tiene y lo que le falta, siendo esto último lo que la hace pobre o privada. 

 Estamos entonces como al principio: quiero medir y no sé cómo ni a quién considerar "pobre".


Aunque no lo podamos creer, en la Argentina no disponemos de una definición de pobreza que sea el resultado de un consenso; es decir que nos pongamos de acuerdo como país qué necesidades deberían estar cubiertas o bien, lo que es lo mismo, qué carencias no vamos a tolerar como Nación. En la medida que no nos pongamos de acuerdo, es imposible medir y si no podemos medir no podemos saber a quiénes ni a cuántos ayudar. Estamos ciegos como al principio de esta historia. Así de simple.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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